martes, 4 de enero de 2011

UNA CARTA DESDE EL INFIERNO

Te vi ayer cuando comenzabas tus tareas diarias. Te levantaste sin acordarte de orar a tu Dios. En todo el día no lo tuviste presente. De hecho, ni siquiera recordaste bendecir los alimentos. Eres muy desagradecido con tu Dios, y eso me gusta de ti. 
También me agrada la enorme flojera que tienes en todo lo que se refiere a tu formación como cristiano. Tu vida espiritual esta por los suelos... solo vas a la iglesia los domingos, y esto llegando tarde. Confesar y comulgar, rara vez, cuando hay cierta presión por los compromisos familiares. ¿Y de que decir de tu tacañería en hacer apostolado? ¿En hacer trabajos evangelísticos? ¿En enseñar a otros el amor de Cristo?
Todo ello es muy útil para mí. No sabes como me alegra.
Tantos años y sigues igual. Crees que no tienes nada que cambiar. Me encanta. Hemos pasado muchos años juntos y aun te detesto. Es más: te odio, porque odio a tu Dios. Que no lo ames, que lo olvides, es una forma de triunfar, de contradecir Sus deseos.
Con tu cooperación estoy demostrando quien es el que manda en tu vida. Con todos esos momentos que hemos pasado juntos... Hemos disfrutado muchas películas “para adultos”, y que decir de las veces que hemos ido a espectáculos artísticos en vivo. De los programas de la tele, tan picantes y de las imágenes en Internet. ¡Ah! Y cuando no te has “portado bien” con aquella personita. Pero mas me agrada que engañes a tus remordimientos con aquello de “eres joven, tienes derecho a gozar de la vida”. No hay duda... eres de los míos.
Disfruto muchos de los chistes obscenos que escuchas y cuentas. Tú sonríes de la picardía que tienen y yo me carcajeo de ver a un hijo de Dios difundiéndolos. Me fascina saber cuales son los grupos musicales que más te gustan... porque yo mismo los poseo.
También disfruto mucho cuando murmuras de los demás. Los chismes que siembras se dispersan con mucha facilidad. Tienes una gran habilidad para crear divisiones, ¡ah! Y por tu actitud de rebelión siempre contra toda autoridad. No dejes que nadie te diga lo que tienes que hacer. Eres libre de llevar a cabo lo que te venga en gana.
Esta carta es para decirte gracias por dejarme que utilice la mayor parte de tu tonta vida. Eres tan manejable, que sucumbes hasta las más simples tentaciones. El pecado se ha adueñado de tu vida. Sigue siendo así.
En ocasiones, me haces un gran servicio, cuando das malos ejemplos a los niños. Ellos son tan receptivos, que me haces un gran favor encaminándolos a ser como tu. Te lo agradezco mucho.
Si tuvieras algo de sesos, cambiarias de ambiente, de compañías, hablarías con tus padres, con aquel amigo que se entristece cuando yo estoy feliz, con el sacerdote ese que rechazas por fuera, pero que admiras por dentro, y que te hace sonrojar cuando te dirige la palabra. Les pedirías ayuda y seguramente te la darían, y regresarías a tus oraciones, a los pasos del que no puedo ni nombrar, y a ser sensible  a la vos de él y entonces, ¡adiós mi gabán!... te me escaparías.
No acostumbro a enviar estos mensajes, pero eres tan conformista y flojo, que no creo que vayas a cambiar. Te tengo bien estudiado y más adelante, cuando crezcas un poco más, utilizare mi arma más efectiva: te induciré a que no creas en mi. A que me consideres una fantasía. Eso me conviene. Así ya nunca pelearás contra mi, a tu muerte!… cuando se acabe tu tiempo te arrastraré conmigo al fuego eterno. Ahí te unirás a los míos para maldecir y odiar eternamente a Dios, a tus padres, a todos tus amigos y enemigos, y a mí. Pero habré triunfado, no amarás a nadie, no lo amaras a Él, a Cristo Jesús, a Cristo Dios. ¡No, ya NUNCA  podrás arrepentirte... y terminarás aborreciendo a tu Dios! ¡Y yo disfrutaré tu SUFRIMIENTO!

Tu enemigo que te odia,
SATANÁS

P.D.: si realmente quieres que te ayude a gozar en este mundo, no muestres esta carta a nadie.


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